Las impresoras 3d son una fantástica realidad, pero un pésimo negocio en bolsa, al menos de momento

Estamos ante una situación verdaderamente curiosa. Desde hace algún tiempo las noticias no dejan de martillearnos con las bondades de las impresoras 3d, así como asombrándonos con sus infinitas posibilidades. Cada vez son más los videos que podemos encontrarnos en youtube en los cuales se exhiben verdaderas obras de ingeniería realizadas con estos artilugios, donde el límite es la propia imaginación; tal y como nos cuentan en este artículo: Imprime tus sueños con una impresora 3d. Pero no nos equivoquemos, la clave del éxito está en los planos, en los diseños, y en los materiales de impresión. Todo vale, desde cemento hasta metal líquido: Impresoras 3d de metal líquido; y, por todo ello, diríamos que el negocio para este invento está más que asegurado. Pero… ¿si las impresoras 3d son el negocio del siglo, por qué las acciones de las empresas cotizadas están experimentado un batacazo histórico? Sí que es curioso, sí.

Toda burbuja tiene su ciclo de vida propio, tal cual como un ser vivo. Nace, crece, se reproduce y, finalmente, estalla; pero cuando lo hace es porque el negocio está acabado, saturado, finito, y no cuando aún ni siquiera ha comenzado; a no ser que todo sea una «filfa», lo cual no parece que sea el caso. Yo mismo tuve la oportunidad de ver una de estas máquinas en una tienda de informática, la tenían de exposición, más que nada como reclamo, para que la gente entrase y, con la misma, pues ganarse un cliente. Yo la vi y entré a curiosear, a preguntar. Nunca había visto alguna otra más que en videos de youtube, así que no pude resistir la tentación. La tenían imprimiendo figuritas de color verde, una rana, un muñeco, y cosas así. Tardaba bastante, por lo que era imposible ver el proceso completo, tan solo miré un rato y toqueteé las piezas ya terminadas. Eran sólidas al tacto, un tacto plástico y con un acabado sencillo, pero bueno, mejor del que esperaba. Le comenté al dependiente que estaba impresionado, y le dije que esto era el negocio del futuro. Después le pregunté el nombre del fabricante, para ver si cotizaba en bolsa y quedarme con él. Su respuesta me sorprendió: ¡Olvídate, no creo que sea un buen negocio, estas impresoras las puede fabricar cualquiera! Antes de que hablase con el dependiente, no dejaba de pensar en los nombres de las empresas cotizadas, creyendo que alguna de ellas estaría detrás de semejante invento, como es el caso de 3D Systems. ¡Qué equivocado estaba!

Puede que en el día de hoy podamos incluso encontrar una analogía para la reflexión en GoPro, un excelente producto, una excelente idea, y un mercado con los brazos abiertos; el problema es que cualquier fabricante pude hacer una GoPro, y quizás por eso se despeña en bolsa. De momento le queda el «branding», que no es poco; en el mercado de las impresoras 3d, ni eso. Ninguno de los pioneros ha logrado hacer «branding»; es decir, el valor asociado a la marca. De hecho, si bien es cierto que las impresoras son una realidad tangible a día de hoy, también lo es que todavía no existe el nombre de fabricante o marca alguna a pie de calle, un nombre que todo el mundo asocie con el producto, y esto sí que es significativo, muy significativo. Por cierto, la conversación que tuve con el aquel dependiente fue antes del verano, lo cual me quitó las ganas de comprar acciones d 3D Systems, y nunca una conversación como ésta me ha sido tal útil para mi economía.

3D Systems Corp (ticker: DDD) es una de las grandes, un gigante del sector. Una empresa que en el año 2013 casi roza los 100 dólares por acción, y que ahora en cambio cotiza por debajo de 10 dólares. Y no es un caso aislado, a sus compañeras de viaje no les va mucho mejor, es decir, otra debacle. Por un lado tenemos a Voxeljet Ag (VJET), que en el mismo periodo cae de los 50 a los 5 dólares por acción; y por otro tenemos a Stratasys Ltd (SSYS), cayendo a plomo de los 130 a los 23 dólares, precios aproximados a día de hoy, 12 de noviembre.

Tanto el mercado industrial como el doméstico son los campos de batalla de estas empresas, y las posibilidades infinitas. 3D Systems, por ejemplo, aunque no ha logrado cuajar en el mercado doméstico, si lo ha hecho en su otra vertiente, donde lleva a cabo interesantes líneas de negocio como son las prótesis dentales de Invisalign.

Sin duda alguna la tecnología de impresión 3D tiene ante sí un futuro prometedor en el que aún está todo por hacer, pero sin un claro ganador en la parrilla de salida. Los fabricantes de los dispositivos, las suministradores de la materia prima, diseñadores de planos, o los que comercialicen con ellos; muchos jugadores y todo por decidir. Lo último, en plena catástrofe de las empresas relacionadas con la minería es que éstas, quizás, encuentren una nueva línea de negocio con este tipo de impresoras. Estamos hablando del óxido de titanio. Este tipo de sustancia es ideal para las impresoras 3d. Se trata de un polvo metálico con el que rellenar los cartuchos y que, láser mediante, podemos fundirlo gota a gota, volviéndose sólido al enfriarse.

De apostar, quizás los que se lleven el gato al agua sea precisamente las empresas que suministren la materia prima, los consumibles. De momento, los fabricantes de impresoras 3D han dejado de cotizar expectativas, y su recorrido al alza ha vuelto a sus orígenes. Puede que ahora sea un buen momento para tomar posiciones, aunque esto ya es cosa de cada uno.

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